Primeros momentosCuando recibimos el diagnóstico de cáncer en un hijo rápidamente a nuestra cabeza acuden todas las ideas y creencias que tenemos sobre la enfermedad, lo que hemos oído o leído y las experiencias cercanas de otras personas que han tenido la enfermedad. También viene casi de forma inmediata la asociación con la muerte, y la idea de que algo muy grave está ocurriendo. Por suerte, el porcentaje de curaciones en los niños es muy elevado, en torno al 70% de los casos, y en la mayoría de ellos es posible la vuelta a una vida normal con sus compañeros, tras unos meses de tratamiento.
Emociones inicialesEnfrentarse a un diagnóstico de cáncer en un hijo es una experiencia muy estresante y dolorosa. Las reacciones más comunes son la negación de la realidad, ira, culpa, tristeza, miedo, confusión… Sabed que estos sentimientos, miedos y preocupaciones son normales, y en ocasiones pueden ser un camino para enfrentarse con la necesaria aceptación ante una situación que nadie ha deseado. Si os sentís excesivamente tristes, ansiosos, angustiados o desanimados, o si estos síntomas persisten en el tiempo, consultad con un profesional. ¿Hemos hecho algo mal?Una de las reacciones inmediatas es la incredulidad. No podéis entender cómo es posible que a vuestro hijo le ocurra algo así y rápidamente os preguntáis ¿qué hemos hecho mal?, ¿cómo no nos hemos dado cuenta? Es importante que rápidamente desechéis estas ideas. La enfermedad no es culpa de nadie y por supuesto no lo es vuestra. Debéis saber que la enfermedad generalmente en sus inicios suele tener una sintomatología que es difícil de detectar y muchas veces fácilmente atribuibles a afecciones pasajeras y sin importancia. Vosotros no habéis podido hacer nada para evitar la enfermedad de vuestro hijo. Lo importante es concentrar las energías en el presente y en poner los mejores medios para luchar contra la enfermedad. Debéis conocerA veces, y generalmente debido a la ansiedad y al temor por lo que os vayan a decir, podéis encontraros con cierta dificultad para retener la información médica. Es recomendable, una vez pasado el impacto inicial, recibir del equipo médico que atiende a vuestro hijo una información lo más completa posible, sobre todo aquello que necesitéis saber para ayudar a la curación de vuestro hijo. Si no entendéis la información, pedid que os la repitan y os expliquen aquellos conceptos que no os queden claros, ya que el lenguaje médico es a menudo desconocido o vago para nosotros. En ocasiones la falta de respuestas llegará a irritarnos y enfadarnos con los médicos, pero debemos comprender que ellos no pueden darnos la certeza que deseamos en el momento que queremos y que es necesario un tiempo para observar la evolución del niño y su respuesta al tratamiento, ya que cada caso es distinto. Las dudas sobre los médicos y el tratamiento forman parte de las reacciones normales de los padres, pero confiemos en los profesionales, ellos saben lo que hacer. ¿Qué podemos hacer?- Darse tiempo
El tiempo necesario para asimilar el diagnóstico puede variar de una persona a otra. Cuando comience el tratamiento normalmente las cosas se calmarán un poco, se verá con mayor claridad y se irán encontrando respuestas. - La hospitalización
El tratamiento de la enfermedad va a implicar un largo tiempo de espera y de inactividad. Por eso es importante que ocupéis este tiempo con actividades que os permitan distraeros. Podéis llevaros cosas para hacer, libros, planificar actividades o estar en compañía de seres queridos cuando el niño no necesite de toda vuestra atención.
Otras recomendaciones para llevarlo mejor- Cuanto más podamos apoyarnos en familiares, amigos u otros padres que hayan pasado por la misma situación mucho mejor. A pesar de que seguramente costará esfuerzo, se notará el beneficio y nos darán ánimos y tranquilidad. De esta forma evitaréis también el aislamiento que os puede hacer mucho daño.
- Es importante permitir la expresión de miedos y sentimientos. También hay que aceptar que existen momentos malos. Es importante tanto para vosotros como para quienes os rodean; os aliviará y ofrecerá a las personas de vuestro entorno una oportunidad para apoyaros.
- Tratad que no todas vuestras discusiones o charlas traten de la enfermedad de vuestro hijo. A veces poder hablar con alguien sobre cualquier cosa ajena a la enfermedad constituye la mejor ayuda.
- Es fundamental procurar momentos de descanso y esforzarse en hacer cosas agradables para “cargar pilas” y poder dar lo mejor de nosotros a nuestros hijos. Esto os ayudará a reducir el malestar y vuestro estado de ánimo mejorará.
- Vivid el aquí y el ahora. Disfrutad de lo positivo que puede haber en cada momento.
- Dentro de lo posible, es muy importante que se mantenga la actividad cotidiana, o al menos lo más normal posible, de tal manera que permita no perder el contacto con la realidad exterior, trabajo, familia y amigos. No olvidar que la vida no se limita al hospital, pues vuestra estancia en él sólo será una situación transitoria que durará más o menos tiempo.
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